Cuando el poder ya no tiene excusas - Walter Romero Bolaños
Estos son los cantones con los índices de desarrollo humano más bajos del país, según el Atlas Cantonal 2025 (PNUD). Los mismos que históricamente han vivido más lejos de la atención del Estado, de la inversión pública sostenida y mucho más cerca de la frustración.
Un voto que no grita, pero exige
Ese mapa electoral no es una anécdota estadística; es una hoja de ruta política.
En la Escuela de Planificación y Promoción Social de la Universidad Nacional (UNA), llevamos a cabo un análisis de los planes de gobierno de los partidos políticos en contienda, el cual fue replicado por La Nación antes de las elecciones.
Los planes los evaluamos con criterios técnicos sobre planificación, enfoque territorial, desarrollo local, articulación con gobiernos locales y las posibilidades de hacer operativas las promesas de campaña.
Aquí, vale recordar que el partido que recién inicia gobierno obtuvo un 2,33 sobre 5 en planificación. Un 2,60 en enfoque territorial. Un 2,80 en articulación con municipalidades. Un 2,67 en desarrollo económico local.
En definitiva, entendimos que el plan de gobierno del PPSO tenía muchas áreas de mejora. En este momento, más que una nota deficiente, es una señal de advertencia.
El plan del PPSO tenía fuerza discursiva, narrativa de cambios importante, pero el cómo estaba bastante ausente. ¿Con qué instrumentos de planificación se van a concretar las promesas? ¿En qué territorios primero? ¿Qué papel juegan las municipalidades? Gobernar sin responder esas preguntas es seguir haciendo lo mismo y, posiblemente, con los mismos resultados. Y esos resultados los seguirá pagando la misma gente: la de Buenos Aires, la de Talamanca, la de Los Chiles.
Por eso, el discurso del presidente Chaves deja un mensaje directo a doña Laura Fernández. Ahora, su gobierno, con mayoría legislativa, no tendrá la excusa del obstruccionismo, ni el argumento de la atomización, ni el pretexto de “los mismos de siempre”, la “vieja casta” que lo frena todo. En estos cuatro años, el poder será casi completo. Y ahora la pregunta incómoda tiene destinatario específico, y la respuesta, también.
¿Puede un gobierno con tanto poder fracasar si no planifica desde los territorios?
Nuestra experiencia sugiere que sí. Más de un gobierno, tanto en Costa Rica como en América Latina, llegó al poder con mayorías absolutas, con mandatos históricos, con la fuerza moral del voto popular como protector político, y después se fue sin haber movido la aguja para reducir la desigualdad territorial. No porque no quisieran. Sino porque confundieron tener poder con saber usarlo.
Las costas, las fronteras, las regiones rezagadas ya no esperan ser “incluidas” en discursos y recordadas solo en los periodos políticos electorales. Necesitan que desde Zapote y cuesta de Moras sepan que Corredores tiene necesidades diferentes a las de Montes de Oca. Que Los Chiles tiene vocaciones productivas particulares, que las personas en Matina tienen prioridades diferentes y que las dinámicas de empleo son completamente distintas a las de Escazú. Que las municipalidades de esos territorios son la única cara visible de la acción pública para miles de costarricenses que ya no creen en el Estado abstracto, pero todavía le apuestan a la alcaldesa o al alcalde de su cantón.
Eso es, precisamente, lo que el plan de gobierno del PPSO no logró articular, pero tiene la oportunidad de remediarlo en la redacción del próximo Plan Nacional de Desarrollo e Inversión Pública, y cuatro años para concretarlo, junto con la gente, partiendo de sus intereses, necesidades y prioridades.
El Partido Pueblo Soberano ganó con los votos de la Costa Rica más olvidada. Eso no es un dato electoral. Es una deuda moral con fecha de vencimiento al 8 de mayo del 2030.
Todos esperamos tener un mejor país: los de aquí y los de allá; aquellos cuyo principal problema hoy es decidir cuál será el menú de la cena, y también los que esperan ajustar lo necesario para el arroz con huevo.
El presidente Chaves pidió patriotismo; sí, ese esperamos que sea el que impere en los próximos años, porque ya no hay excusa. Para el oficialismo y también para la oposición, esperamos que construyan sobre el diálogo y dejen de repartirse culpas, dimes y diretes. El pueblo no votó para eso; lo hizo con la esperanza concreta de tener una mejor calidad de vida.
La historia de Costa Rica no se juzga por la cantidad de leyes aprobadas, ni por los aplausos en el Estadio Nacional. Se juzga midiendo si el Estado llegó, por fin, adonde prometió llegar.
Walter.romero.bolanos@una.ac.cr
Walter Romero Bolaños es académico de la Escuela de Planificación y Promoción Social (EPPS) de la Universidad Nacional (UNA).
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