¿Diseñamos para ellas o con ellas? La participación de las mujeres en la gestión de proyectos
Autoría:
Bach. Alisson Cerdas Sánchez
Bach. Camila Montes Beita
Bach. Ximena Morales Moya
Bach. Keylin Chavarría Herrera
En la gestión de proyectos, identificar a las personas interesadas suele comenzar con una matriz de interés y poder. Pero detrás de cada nombre hay una voz, una historia y una realidad que no deberían quedar reducidas a una categoría.
Incluir a las
mujeres de una comunidad en esa lista es un primer paso, pero no suficiente.
Porque ser tomadas en cuenta también significa poder expresar lo que viven, ser
escuchadas y tener la posibilidad de participar en las decisiones que afectan
su presente y su futuro.
De ahí surge una
pregunta importante: ¿estamos creando proyectos para las mujeres o estamos
construyéndolos con ellas? La diferencia puede parecer pequeña, pero implica
algo fundamental: reconocer que sus experiencias y sus voces también tienen un
lugar en la toma de decisiones.
El caso de la
estrategia de comunicación en Sarapiquí permite acercarnos a esa pregunta y
comprender los retos que aparecen cuando se busca que la participación de las
mujeres sea verdaderamente significativa.
El caso: escuchar en Sarapiquí
El proyecto nació
de un diagnóstico participativo realizado en 2024 en los cinco distritos de
Sarapiquí, junto con la Asociación Humanitaria Sarapiquí Solidario. Este
proceso permitió reconocer algo importante: en las comunidades ya existían
mujeres liderando y organizándose, aunque muchas todavía tenían un acceso
limitado a información sobre sus derechos.
A partir de ahí,
el equipo decidió hacer algo diferente. En lugar de pensar por ellas y
presentarles una estrategia terminada, abrió un espacio para que fueran las
propias lideresas quienes identificaran qué personas podrían apoyar o
dificultar su desarrollo. Así, sus voces dejaron de ser solo parte del
diagnóstico y comenzaron a formar parte de las decisiones.
Para hacerlo
posible, se establecieron principios como el consentimiento libre e informado,
la participación horizontal, la prevención de la revictimización y la
devolución de los resultados a la comunidad. Escucharlas, entonces, no quedó
como una intención, sino como una responsabilidad.
Sin embargo,
escuchar también permitió reconocer una realidad más profunda. Las mujeres
quieren participar, actuar y decidir, pero muchas veces ese deseo se encuentra
con barreras que van más allá del proyecto: la sobrecarga de las tareas
domésticas, el machismo y las desigualdades que todavía atraviesan sus hogares
y comunidades.
Quizás uno de los
mayores aprendizajes fue justamente ese: dar voz a las mujeres no significa que
las barreras desaparezcan, pero sí que dejan de ser invisibles.
El diagnóstico y
la estrategia también se apoyan en fuentes oficiales y académicas que permiten
comprender que la participación de las mujeres no debería depender de la
voluntad de un proyecto. La Defensoría de los Habitantes de Costa Rica (2020)
reconoce la importancia de que las mujeres puedan participar plenamente en los
espacios donde se toman decisiones, mientras que el INAMU (2024) destaca la
necesidad de garantizar un acceso claro y adecuado a la información,
especialmente en contextos rurales.
Estas referencias
permiten mirar la participación femenina desde una perspectiva de derechos:
escuchar a las mujeres no es un gesto de buena voluntad, es reconocer un
derecho que les pertenece.
A estas fuentes
se sumó el conocimiento construido desde el propio territorio, mediante
información de la Municipalidad de Sarapiquí, espacios de socialización y
talleres participativos. También se consideró la literatura sobre liderazgo
rural femenino, que señala la importancia del vínculo de las mujeres con sus
comunidades y territorios (Buendía Martínez y Carrasco, 2013). Por eso, la
estrategia no parte de una solución diseñada desde afuera, sino de una realidad
que tiene rostro, historia y voz propia en Sarapiquí.
Lo que respaldan la ley y los datos
La participación
de las mujeres en este tipo de proyectos no depende únicamente de la voluntad
del equipo gestor, sino que también encuentra respaldo en el marco normativo
costarricense. La Ley N.° 7142, Ley de Promoción de la Igualdad Social de la
Mujer, establece la obligación del Estado de promover y garantizar la igualdad
de derechos entre hombres y mujeres en los ámbitos político, económico, social
y cultural (Asamblea Legislativa de la República de Costa Rica, 1990). Este
principio permite entender que generar condiciones para que las mujeres puedan
expresar sus necesidades y participar en las decisiones que las afectan forma
parte de un compromiso más amplio con la igualdad.
Esta
responsabilidad también tiene una dimensión local. El Código Municipal
establece entre las atribuciones de las municipalidades promover un desarrollo
local participativo e inclusivo que contemple las diferentes necesidades de la
población, así como impulsar políticas públicas locales orientadas a los
derechos y la ciudadanía de las mujeres y a la igualdad y equidad de género
(Asamblea Legislativa de la República de Costa Rica, 1998). En un proyecto
desarrollado en Sarapiquí, este marco resulta especialmente relevante porque
permite comprender que escuchar a las mujeres y generar espacios para su
participación no debería verse únicamente como una buena práctica, sino como
parte de una forma de gestionar el desarrollo local que reconoce su capacidad
de incidencia.
A esto se suma la
Política Nacional para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres 2018-2030
(PIEG), que identifica entre sus ejes la distribución del tiempo y la
distribución del poder, y plantea la necesidad de reducir los nudos
estructurales que reproducen las desigualdades entre mujeres y hombres
(Instituto Nacional de las Mujeres INAMU, 2018). Desde esta perspectiva,
participar no significa únicamente estar presente en una actividad, sino contar
con condiciones que permitan que las voces de las mujeres tengan algún peso en
las decisiones que se toman.
Los datos
permiten dimensionar algunas de las condiciones territoriales y sociales en las
que se desarrolla el proyecto. Según la Estimación de Población y Vivienda 2022
del Instituto Nacional de Estadística y Censos, Sarapiquí tenía una población
estimada de 67 153 personas, de las cuales 32 269 eran mujeres. Además,
registraba una densidad de aproximadamente 31 habitantes por kilómetro
cuadrado, la menor entre los cantones de la provincia de Heredia (Instituto
Nacional de Estadística y Censos INEC, 2023b). Esta dispersión territorial es
importante para una estrategia basada en comunicación y participación, ya que
obliga a pensar cómo acercar la información y los espacios de consulta a
mujeres que se encuentran distribuidas en diferentes comunidades del cantón.
También existen
condiciones relacionadas con la distribución del tiempo que pueden afectar la
participación. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2022 muestra que, en
Costa Rica, las mujeres dedican en promedio 32 horas y 4 minutos semanales al
trabajo doméstico no remunerado, mientras que los hombres destinan 15 horas y
44 minutos, lo que representa una diferencia cercana a 16 horas y media por
semana (INEC, 2023a). Aunque este dato es nacional y no corresponde
específicamente a las mujeres participantes del proyecto en Sarapiquí, permite
contextualizar una de las barreras que pueden dificultar que las mujeres
dispongan del mismo tiempo para asistir a reuniones, talleres o espacios de
toma de decisiones.
Lo que dice la evidencia académica
La literatura
sobre gestión de proyectos destaca que la participación de las personas
interesadas no debería limitarse a informarles sobre las decisiones que ya
fueron tomadas. Camargo et al. (2019) explica que, especialmente en iniciativas
sociales y comunitarias, es importante generar oportunidades para que los
diferentes actores puedan participar y aportar desde sus conocimientos y
experiencias. Esto permite reconocer que las poblaciones involucradas pueden
tener un papel importante en el desarrollo de los proyectos y no ser únicamente
receptoras de sus resultados.
De manera
similar, Siegelaub (2005), en una publicación del Project Management Institute
(PMI), señala que involucrar a los interesados es importante porque estos
poseen conocimientos, necesidades e intereses que pueden influir en el
desarrollo y en los resultados de un proyecto. En el caso de “Mujeres que
transforman, voces que inspiran”, estos aportes respaldan la importancia de
escuchar a las mujeres lideresas e incorporar sus experiencias y necesidades en
las decisiones del proyecto, de manera que su participación vaya más allá de
ser consideradas únicamente como beneficiarias.
Las fuentes
oficiales también permiten respaldar la importancia de que la participación de
las mujeres no se limite únicamente a recibir información o asistir a
actividades. El Instituto Nacional de las Mujeres ha señalado que el
fortalecimiento del liderazgo y la participación de las mujeres, especialmente
en espacios comunitarios y rurales, requiere crear condiciones para que puedan
incidir en la toma de decisiones y expresar sus propias necesidades. Incluso,
dentro del trabajo que realiza con mujeres rurales, el INAMU contempla como uno
de sus ejes el empoderamiento de las mujeres en la toma de decisiones y la
generación de espacios territoriales donde puedan plantear sus demandas y
participar en la construcción de propuestas (INAMU, 2021).
Esto se relaciona
directamente con el proyecto desarrollado en Sarapiquí, porque confirma que
escuchar a las mujeres no debería verse solamente como una actividad
complementaria, sino como una parte necesaria del proceso. Si las acciones
están dirigidas a ellas, también debería existir un espacio real para que
puedan decir qué necesitan, qué dificultades enfrentan y qué consideran
importante. Desde esta mirada, participar no significa únicamente estar
presentes, sino tener la posibilidad de influir en las decisiones que
finalmente van a afectar su comunidad y su vida cotidiana.
Una de las
herramientas aplicadas durante el curso fue el Tailoring, el cual permitió
adaptar la forma de gestionar el proyecto “Mujeres que transforman, voces
que inspiran” a la realidad de la AHSS y a las características propias del
proyecto. A partir de este análisis se consideró adecuado trabajar con un
enfoque híbrido, buscando un equilibrio entre una planificación organizada y la
flexibilidad necesaria en un proyecto de carácter social y comunitario.
Esto significa
que aspectos como el presupuesto, el cronograma y los indicadores requieren
mayor seguimiento y control, mientras que los talleres, la comunicación y la
participación pueden ajustarse según las necesidades que vayan surgiendo. De
esta manera, el proyecto mantiene una ruta clara, pero también deja espacio
para escuchar e incorporar los aportes de las mujeres lideresas, haciendo que
su participación tenga un papel importante en el desarrollo de las acciones.
¿Por qué pasa esto?
Una de las
razones por las que muchas mujeres terminan siendo vistas únicamente como
beneficiarias y no como participantes activas tiene que ver con la forma en que
tradicionalmente se diseñan algunos proyectos. Muchas veces las necesidades se
definen desde afuera y las soluciones ya vienen bastante estructuradas antes de
conversar con la población. Cuando esto ocurre, la participación puede
reducirse a validar decisiones que ya fueron tomadas, en lugar de formar parte
de ellas desde el inicio.
A esto se suman
barreras que van más allá del propio proyecto. En el caso de las mujeres
lideresas de Sarapiquí, el diagnóstico permitió reconocer situaciones como la
sobrecarga de tareas domésticas, el machismo y distintas desigualdades que
pueden limitar su tiempo, su participación y su capacidad de incidencia. Por
eso, no basta con abrir un espacio y asumir que todas podrán participar de la
misma manera. También es necesario entender qué condiciones pueden dificultar
esa participación y qué puede hacer el proyecto para evitar que esas
desigualdades se mantengan. Esta realidad coincide con lo señalado por el
Instituto Nacional de las Mujeres, que reconoce la persistencia de
desigualdades, estereotipos y barreras que limitan la participación de las
mujeres en espacios comunitarios y de toma de decisiones (Instituto Nacional de
las Mujeres [INAMU], 2021).
En el proyecto “Mujeres
que transforman, voces que inspiran” existe una relación directa entre la
participación de las mujeres lideresas, la identificación de sus necesidades y
las decisiones que se toman durante la planificación. Escuchar sus experiencias
permite comprender mejor su realidad y orientar las acciones hacia necesidades
que realmente sean importantes para ellas. Por esta razón, su participación no
debería limitarse únicamente a recibir los beneficios del proyecto, sino que
también debe considerarse como una fuente importante de información para definir
y ajustar las acciones que se desarrollarán.
Esta relación
también involucra a la AHSS y a los demás actores vinculados al proyecto, ya
que cada uno cumple un papel diferente en su desarrollo. Mientras la
organización facilita y coordina las acciones, las mujeres lideresas aportan su
conocimiento, experiencias y necesidades. Por lo tanto, una buena comunicación
entre estos actores puede favorecer que las decisiones del proyecto mantengan
una mayor conexión con la realidad de la población a la que se dirige.
Tensiones, consecuencias y alternativas
Una de las
principales tensiones del proyecto aparece entre abrir espacios de
participación y lograr que esa participación sea realmente posible. Invitar a
las mujeres a talleres, reuniones o consultas no garantiza que todas tengan las
mismas condiciones para participar. Las responsabilidades domésticas y de
cuido, los horarios, las distancias y otras desigualdades pueden provocar que
exista formalmente un espacio para ser escuchadas, pero que en la práctica
algunas mujeres tengan mayores posibilidades de utilizarlo que otras. Los datos
sobre uso del tiempo en Costa Rica ayudan a mostrar que estas condiciones no
pueden separarse de la manera en que se planifican los mecanismos de
participación (INEC, 2023a).
También existe
una tensión entre la planificación definida por el proyecto y la posibilidad de
incorporar lo que las mujeres plantean durante el proceso. Un proyecto necesita
establecer actividades, recursos, plazos y un alcance determinado, pero escuchar
realmente a las personas interesadas implica reconocer que pueden aparecer
necesidades que inicialmente no habían sido consideradas. De Camargo et al.
(2019) señalan que, en proyectos de carácter social, la participación de los
interesados debería formar parte de los distintos procesos de gestión y
permitir que sus opiniones sean consideradas en las decisiones. Esto significa
que la participación pierde parte de su sentido cuando únicamente se consulta a
las personas después de que las decisiones principales ya fueron tomadas.
El conflicto no
está entonces entre planificar o escuchar, sino en decidir hasta dónde puede
adaptarse el proyecto sin perder de vista sus objetivos y sus límites. No todas
las necesidades identificadas podrán necesariamente convertirse en acciones,
pero sí debería existir claridad sobre cuáles pueden incorporarse, cuáles deben
priorizarse y cuáles quedan fuera del alcance. De esta manera, la participación
no genera expectativas que el proyecto no puede cumplir y, al mismo tiempo, las
decisiones no se toman únicamente desde la perspectiva del equipo gestor.
Cuando las
necesidades y opiniones de las mujeres no se incorporan adecuadamente en la
planificación, existe el riesgo de desarrollar actividades que, aunque estén
bien organizadas, no respondan completamente a sus prioridades o expectativas.
Esto puede generar poca participación, menor identificación con el proyecto e
incluso limitar los resultados que se esperan alcanzar.
Por el contrario,
incorporar activamente sus aportes puede generar consecuencias positivas, como
una mayor apropiación y participación en el proyecto, acciones más acordes con
sus necesidades y una relación más cercana entre la AHSS y las mujeres lideresas.
De esta manera, escuchar antes de decidir no solo fortalece la participación,
sino que también puede contribuir a que las acciones desarrolladas tengan mayor
sentido y utilidad para las personas a quienes están dirigidas.
Frente a esta
realidad, una alternativa es incorporar la participación de las mujeres desde
las primeras decisiones del proyecto y no únicamente cuando las acciones ya
están definidas. Esto puede lograrse mediante espacios de escucha, consultas,
talleres participativos y mecanismos de retroalimentación donde las lideresas
puedan plantear sus necesidades, revisar propuestas y señalar qué aspectos
consideran prioritarios.
También sería
importante adaptar la forma de participar a las condiciones reales de las
mujeres. No siempre una reunión formal o un horario establecido será la mejor
opción. En algunos casos puede ser necesario utilizar medios más cercanos,
horarios más accesibles o canales comunitarios que ya sean conocidos y de
confianza. La idea no es solamente aumentar la cantidad de espacios de
participación, sino procurar que esos espacios tengan sentido y realmente
permitan influir en las decisiones. De esta manera, el proyecto puede mantener
una planificación clara sin perder la posibilidad de ajustarse a lo que las
propias mujeres van expresando durante el proceso.
Frente a estas
tensiones, una primera decisión sería establecer desde la planificación en
cuáles decisiones pueden incidir las mujeres lideresas y mediante qué
mecanismos se incorporarán sus aportes. Esto permite evitar que la
participación se reduzca a consultar opiniones cuando las principales acciones
ya están definidas. En proyectos sociales, incorporar a las personas
interesadas en los procesos de gestión permite aprovechar su conocimiento y
comprender mejor las necesidades que deberían orientar las decisiones del
proyecto (de Camargo et al., 2019).
Otra decisión
consiste en adaptar los mecanismos de participación a las condiciones reales de
las mujeres. Si existen dificultades relacionadas con horarios, desplazamiento
o responsabilidades de cuido, el equipo puede valorar diferentes horarios,
espacios comunitarios, medios digitales o mecanismos de retroalimentación que
no dependan únicamente de reuniones presenciales. La intención no sería crear
más espacios por cantidad, sino utilizar aquellos que realmente faciliten que
las mujeres puedan participar.
También sería
conveniente establecer una trazabilidad entre las necesidades expresadas, los
requisitos priorizados y las acciones o entregables del proyecto. No todas las
necesidades necesariamente podrán ser atendidas debido a límites de tiempo,
recursos o alcance, pero debería quedar claro cuáles fueron incorporadas, cómo
se transformaron en acciones y por qué otras no pudieron atenderse. Esto
permitiría que la participación tenga una consecuencia concreta sobre la
planificación y no quede únicamente como una actividad complementaria.
En el caso de
Mujeres que transforman, voces que inspiran, diseñar con las mujeres implica
entonces algo más que escucharlas: supone permitir que lo que expresan pueda
influir en decisiones concretas, pero también explicar de manera transparente
los límites que tiene el proyecto. Esa combinación entre participación y
claridad puede ayudar a que las acciones mantengan una mayor conexión con las
necesidades de las mujeres y con la realidad del territorio.
Qué debería cambiar
Después de
analizar este caso, una de las principales ideas que debería quedar es que
incluir a una población en un proyecto no significa necesariamente hacerla
partícipe de él. Existe una diferencia importante entre informar, consultar y
permitir que las personas realmente puedan incidir en las decisiones. En
proyectos sociales y comunitarios, esa diferencia puede definir qué tan cercana
es la propuesta a la realidad de quienes finalmente viven sus resultados.
Por eso, antes de
diseñar una solución, quienes gestionan proyectos deberían preguntarse no
solamente quiénes son las personas interesadas, sino también cuánto espacio
real tienen para participar y qué barreras pueden estar limitando su voz. En el
caso de Sarapiquí, escuchar a las mujeres lideresas permitió reconocer
necesidades y situaciones que difícilmente habrían sido visibles desde una
planificación hecha únicamente desde afuera. Diseñar con ellas, y no solamente
para ellas, puede hacer que las decisiones sean más pertinentes, que las
acciones tengan mayor sentido y que la participación deje de ser un requisito
para convertirse en una parte real de la gestión del proyecto.
Para cerrar
El verdadero
alcance de “Mujeres que transforman, voces que inspiran” no termina en
la participación de las mujeres dentro del proyecto, si no cuando una lideresa
cuenta con mayor acceso a información, fortalece su capacidad de expresar sus
necesidades y participa de manera más activa en la toma de decisiones, ese
aprendizaje también puede trasladarse a los espacios donde vive, se organiza y
participa.
Por eso, diseñar
con las mujeres puede generar un impacto que va más allá de cada participante,
fortalecer sus voces también significa fortalecer su capacidad de incidir,
compartir conocimientos y promover cambios dentro de sus propias comunidades.
Así, el valor del proyecto no se encuentra únicamente en lo que logra con
ellas, sino también en lo que ellas pueden llegar a transformar a partir de ese
proceso.
Declaración de IA
Para la
elaboración de este artículo se utilizó inteligencia artificial como apoyo en
la organización de la estructura del texto, la revisión de estilo y la
redacción de una primera versión a partir de la información contenida en el
Trabajo Final del grupo. La revisión, verificación de fuentes, análisis y
versión final son responsabilidad de las personas autoras.
Referencias
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Me parece relevante la diferencia que plantea el artículo entre diseñar proyectos “para” las mujeres y diseñarlos “con” ellas. Pienso que esto se relaciona directamente con la gestión de los interesados, porque no basta con identificarlos dentro de una matriz, sino que es necesario conocer qué capacidad real tienen para participar e incidir en las decisiones. En ese sentido, el caso de Sarapiquí muestra que la participación debe ir más allá de asistir a talleres o recibir información.
ResponderEliminarTambién lo relaciono con los procesos participativos que he podido conocer en mis trabajos de planificación territorial, donde muchas veces la población tiene conocimientos del territorio que difícilmente se obtienen únicamente mediante información documental. Sin embargo, algo que me parece importante es que escuchar a la población también genera una responsabilidad para el equipo gestor: debe existir una forma de demostrar qué aportes fueron considerados y cuáles no, y por qué.
Por eso, me parece interesante el planteamiento de establecer línea entre las necesidades expresadas y las decisiones del proyecto. ¿Cómo podríamos medir, además de la cantidad de personas participantes, si realmente sus aportes tuvieron influencia en las decisiones tomadas?, ya que esto va de la mano con un evaluación por resultados no solo llenar una lista de actividades.
Me parece especialmente relevante la pregunta que plantea el artículo sobre si los proyectos se diseñan para las mujeres o con las mujeres, porque muchas veces su participación sí existe, pero queda limitada a tareas de organización, apoyo, convocatoria o ejecución, mientras que la toma de decisiones permanece concentrada en pocas personas. De esta forma, su aporte puede estar presente, pero su capacidad de incidencia termina invisibilizada.
ResponderEliminarPor eso considero que la diferencia entre trabajar “para” o trabajar “con” debe plantearse desde el inicio de cualquier proyecto. No es únicamente una cuestión de incluir a una población como beneficiaria, sino de reconocer sus conocimientos, experiencias y capacidad para participar en las decisiones que definirán el proyecto. Desde mi perspectiva, gran parte de la legitimidad de una intervención comienza justamente en esa elección aparentemente sencilla; decidir si las personas serán receptoras de una propuesta ya construida o actoras reales en su construcción.
Compañeras, comentarles que me pareció súper interesante porque muchas veces se crean proyectos para las mujeres, pero no siempre se les pregunta qué necesitan realmente. Escucharlas y tomar en cuenta sus opiniones permite que las acciones respondan mejor a su realidad y que ellas también formen parte de las decisiones.🙌🏼
ResponderEliminarMe pareció muy interesante porque muchas veces se crean proyectos para las mujeres, pero no siempre se les pregunta qué necesitan realmente. Escucharlas y tomar en cuenta sus opiniones permite que las acciones respondan mejor a su realidad y que ellas también formen parte de las decisiones.🙌🏼
ResponderEliminarUna idea que me llamó mucho la atención fue que el proyecto no busca solamente que las mujeres participen, sino que también puedan fortalecer capacidades que les sirvan más allá del propio proyecto. Esto me parece importante porque participar en un taller o en una actividad puede ser algo puntual, pero aprender a expresar sus necesidades, tener mayor acceso a información y sentirse con más seguridad para participar en decisiones puede generar un cambio más duradero.
ResponderEliminarLo relaciono con lo que hemos visto en clase sobre construir una cultura empoderada. En este caso, no se trata únicamente de abrir espacios de participación, sino de generar condiciones para que las mujeres puedan desarrollar mayor confianza, expresar sus ideas y sentirse parte activa de los procesos en los que participan.
Algo que me llamó bastante la atención de lo que plantean es esa diferencia entre poner a las mujeres en la lista de interesados y en realidad dejarlas decidir, porque muchas veces el problema no está en no identificarlas, sino en que la participación se queda solo en consultarlas y no pasa de ahí. Eso se nota en el caso de Sarapiquí que ustedes mencionan, cuando las lideresas empezaron a decidir quién podía apoyar o dificultar el proceso, en vez de aparecer solamente mencionadas dentro de un diagnóstico.
ResponderEliminarY pensando en eso, se me vino a la mente el artículo del grupo de Biolley, porque ahí hablan de la trazabilidad entre necesidad y requisito, y al final diseñar con las mujeres y no solo para ellas parte de una lógica similar, ya que lo que las lideresas plantean debería traducirse en decisiones del proyecto y no quedarse nada más como un diagnóstico bien hecho, pero sin ningún efecto real.
Súper interesante este artículo, como manejan el tema de la brecha de género y la participación de las mujeres en la toma de decisiones. Dado que, es una problemática que se ha normalizado muchísimo con los años y es el hecho de no tomar en cuanta los conocimientos y experiencia que tienen las mujeres para la toma de decisiones o gestión de proyectos relacionados con ellas. En este sentido, si uno analiza los proyectos que son ejecutados PARA las mujeres estos no tienen el “éxito “ que se esperaba, dado que se gestionan desde las necesidades que se identifican externamente, es decir, desde la perspectiva de las respectivas instituciones, sin tomar en consideración las recomendaciones o conocimientos que puedan aportar las mujeres para la realización de un determinado proyecto.
ResponderEliminarEn general, esto se ve mucho cuando los proyectos que se gestionan desde los gobiernos locales no se ajustan con las necesidades reales de la comunidad, entonces se administran los recursos de forma ineficiente y los beneficiarios en la mayoría de los casos no hacen uso de estos servicios o proyectos.
Que interesa el saber que la historia no deja de marcar nuestra realidad, omitimos constante que la lucha de las mujeres continúa, que aún hay muchas partes que erradicar, desde las tomas de decisiones en entidades gubernamentales, las mujeres sigue siendo un grupo vulnerable, el seguir encasillando muchos patrones como ser las mujeres de la casa, ser la red de apoyo de sus hijos al 100% imposibilita su acceso a las oportunidades, el toma ella lucha de las decisiones desde grupos organizacionales y convertirse en líderes va más allá de generar un cambio es crear otra vida alterna de la que ya llevan, por eso fundamental conocer su entorno y ver si podemos cubrir los espacios de acuerdo a sus necesidades y que su participación como liderezas no se vea afectado, es admirable como la voz femenina siempre toma un buen camino y control, pero aún seguimos luchando con muchas percepciónes patriarcales que establecen otro orden Haci alas mujeres y su papel en la sociedad.
ResponderEliminar¿Cuántas veces hemos visto proyectos que "cumplen" con la casilla de participación ciudadana, pero las decisiones finales siguen tomándose a puerta cerrada?Para mí, el gran valor de este artículo es que pone el dedo en la llaga: participar no es solo consultar; es dar el poder de influir. Hay una línea muy delgada entre informar lo que se va a hacer, preguntar qué opinan y, realmente, permitir que la gente incida. Si el equipo gestor sigue concentrando todo el control, esos espacios se vuelven un simple trámite.El caso de las mujeres de Sarapiquí nos lo demuestra con total claridad. No basta con abrir la puerta y decir "bienvenidos". Hay que ver quién puede entrar por ella. Si no tomamos en cuenta las tareas de cuido, los horarios, las distancias y las desigualdades cotidianas, la participación efectiva es una ilusión.Desde la gestión de proyectos, esto nos deja un reto enorme. Tenemos que empezar a demostrar, con hechos, cómo una opinión se transforma en una acción o en un ajuste real. Aquí es donde la trazabilidad se vuelve nuestra mejor aliada: conectar de forma transparente las necesidades de la gente con los requisitos priorizados y los entregables finales. Así, participar deja de ser un evento en el cronograma y se convierte en un impacto real.Al final, la pregunta no es solo "¿quiénes son nuestros interesados?", sino "¿qué capacidad real tienen para decidir y qué estamos haciendo para facilitarlo?". Solo así bajaremos los proyectos al territorio, creando soluciones que de verdad respondan a la vida de las personas.
ResponderEliminarMe parece muy importante el que la participación no debería medirse únicamente por la cantidad de mujeres que asisten a un taller, reunión o actividad. Desde la gestión de proyectos, también sería necesario analizar qué tanto esas personas pueden incidir realmente en las decisiones que se toman, las mujeres poseen información fundamental sobre su territorio y sobre las situaciones que viven cotidianamente, por lo que sus aportes pueden contribuir a identificar problemas y necesidades.
ResponderEliminarEl caso de Sarapiquí nos muestra la importancia de pasar de una participación centrada en informar o consultar hacia una participación que tenga alguna influencia sobre las decisiones del proyecto. Mas allá de preguntarnos solamente quiénes participan, deberíamos preguntarnos qué capacidad tienen para incidir y cómo el proyecto garantiza que esa incidencia se refleje en sus decisiones.
Es importante hacer la diferencia entre diseñar para las mujeres o diseñar con ellas, porque muchas veces solo se mencionan los interesados en los proyectos solo para cumplir con un requisito, asumiendo que con avisarles lo que se va a hacer ya estamos incluyendo su participación, cuando en realidad sus voces quedan reducidas o incluso en muchas ocasiones omitida.
ResponderEliminarUna consecuencia de esto que a veces no se toma en cuenta al abrir estos espacios de diálogo es el riesgo de generar frustración si las expectativas superan los límites que tiene el proyecto. Por ejemplo, cuando invitamos a las mujeres a expresar sus necesidades pero la iniciativa tiene restricciones de presupuesto, tiempo o alcance, podemos terminar generando desmotivación si no se les explica de forma transparente qué aportes sí se pudieron integrar y cuáles quedaron fuera. Por eso, la verdadera gestión comunitaria no solo exige abrir talleres o escuchar las opiniones sino también comunicar de manera efectiva lo que la comunidad opina y las decisiones operativas que realmente se pueden ejecutar.
Me parece importante la diferencia que plantean entre diseñar un proyecto para las mujeres y construirlo con ellas, porque participar no debería significar que solo asistir a reuniones o recibir información, sino tener la posibilidad de influir en las decisiones. Esto se relaciona con lo visto en clases sobre la gestión de interesados, ya que conocer quiénes son los actores del proyecto no es suficiente si sus necesidades y experiencias no se incorporan realmente en la planificación.
ResponderEliminarEn nuestro proyecto del restaurante La Oruga también hemos identificado la importancia de escuchar a los diferentes interesados, como las integrantes de la Asociación, clientes, operadores turísticos y emprendimientos locales, porque sus necesidades pueden modificar requisitos, servicios y decisiones del proyecto.
La verdad es que este caso de Sarapiquí toca un punto súper clave: no es lo mismo diseñar para las mujeres que diseñar con ellas.
ResponderEliminarA veces en los proyectos sociales creemos que con meter a las lideresas en una lista de asistencia o hacerles una encuesta rápida ya "cumplimos" con la participación, pero lo que muestra el texto es que la realidad en el campo es otra, las mujeres en zonas rurales no solo enfrentan la falta de información, sino una sobrecarga enorme con las tareas de la casa y del cuido que muchas veces ni les deja tiempo para ir a una reunión.
Me gusta mucho la idea de no vender humo: un proyecto no va a borrar el machismo o las barreras de la noche a la mañana, pero por lo menos tiene la responsabilidad de no ignorarlas, si se van a armar talleres o capacitaciones, hay que pensar en los horarios, en las distancias y, sobre todo, en darles un espacio real para que lo que ellas dicen de verdad cambie la ruta del proyecto, no solo para llenar un expediente.
Que interesante la distinción radical entre diseñar para las mujeres y construir con ellas, el texto demuestra que la participación no puede reducirse a llenar una lista de asistencia, ya que exige transformar la forma en que se toman las decisiones, la integración de los datos territoriales de Sarapiquí como la dispersión geográfica y la brecha en el uso del tiempo, evidencia que las barreras estructurales condicionan directamente la viabilidad de cualquier metodología. Además, el uso del Tailoring y la trazabilidad demuestra que la flexibilidad no compromete el rigor técnico, sino que ajusta el proyecto a la realidad social, el caso deja claro que la participación comunitaria es un ejercicio de derechos indispensable para que la planificación logre un impacto real en el territorio.
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